Opina Deporte

Los días más tristes de la democracia fueron menemistas. Y también los más tristes para el periodismo y el deportivo en particular.

El justificado enojo de Zinedine Zidane en su última conferencia de prensa puede relacionarse con aquello que les ocurre a miles de deportistas argentinos, cuyos casos, de una u otra manera salieron a luz luego de conocerse el suicidio de Santiago Damian García, el Morro de Godoy Cruz.

A más de uno, o de una, en el periodismo, le inquieta que se haya publicado el contrato de Messi con Barcelona. Se preguntan sobre la violación a un supuesto derecho privado que protegería a los futbolistas para que no se conozcan sus ganancias.

Año nuevo, periodismo viejo. Qué difícil es sacarse los oxidados moldes de encima. A un mes del 2021 ya se puede decir que será un año sin sorpresas en la prensa a la que supuestamente le interesa el deporte.

Este año no habrá premios Olimpia. Pero ya hay vacunas. Y mientras el odio levanta la voz para fomentar estrambóticas campañas antivacunación buscando que el daño del virus se extienda por el mundo, el deporte marcó su rumbo 2020 gracias al empuje de millones de deportistas, entrenadores/as y dirigentes/as (la mayoría anónimos) que hicieron lo imposible para que ninguna actividad se detuviese.

Cuando a esta altura del año las noticias sobre la herencia de Maradona (tema que jamás merecerá el calificativo de noticia ya que es una cuestión de la intimidad de una familia) se publican en algunas páginas deportivas, es cuando más nauseas provoca la realidad de la prensa que dice entender de los deportes.

La especial relación de una porción de la prensa con Caruso Lombardi, tan parecida a la relación con Ruggeri, ha convertido al técnico de Belgrano en el dueño de los títulos y los zócalos de unos cuantos medios de comunicación.

Dos semanas intensas dejaron sin aliento a la prensa deportiva. El caso Maradona y el caso de los Pumas todavía mantienen cierto interés, pero casi todo se ha dicho y, la verdad, poco bueno quedó en el pasado. Reina la mediocridad.

¿Por qué la multitudinaria fila de quienes pretendían despedirlo en la Rosada tenía inmensa mayoría de gente humilde? ¿por qué gran parte del mundo del rugby y la dirigencia de la UAR no sintieron pena por su muerte? ¿por qué los periodistas millonarios lo desprecian tanto? ¿por qué los medios hegemónicos le caían encima por su posiciones políticas y su piel peronista-kirchnerista?

El predio Julio Grondona de la Asociación del Fútbol Argentino en Ezeiza, el salón Julio Grondona en la Liga Salteña de Fútbol, el estadio Grondona en Sarandí y unos cuantos espacios más de la vida deportiva argentina, debieran ser revisados en su nomenclatura.