Opina Deporte

¿Hasta dónde, en tiempos de pandemia, es realmente conveniente festejar? ¿Se celebra un gol como el de Argentina a Brasil, con barbijo y sin abrazo? ¿Se paladea el triunfo brincando solo en el living frente a la tele? ¿Se acomete la osadía de salir al Obelisco pero sin bajar del auto? 

“El fútbol no es la vida ni la patria ni la bandera ni los amigos ni la madre. El fútbol es un deporte en el que se debe ganar o perder con dignidad". El autor de esta sencilla frase que muy pocos pronuncian así o de otra manera, fue el jugador más noble y más digno que ha dado el fútbol argentino. Jorge “El Lobo” Carrascosa, capitán del Huracán maravilla de 1973 y de la Selección Nacional hasta su renuncia en enero de 1978.

Los ex protagonistas del deporte llenan las pantallas, unos cuantos espacios radiales y, mucho menos, las redacciones donde hay que sentarse a volcar ideas, sin volcar.

Nadie sigue el estado del boxeador Fidel Ruiz Díaz convaleciente luego de una pelea realizada hace unos días en Oncativo. Está internado en Córdoba.

Uno de los autores de las mejores notas escritas en la prensa deportiva ha muerto, y no fue precisamente aquello que llaman “un periodista deportivo”.

En estos tiempos del desprestigio creciente de un sector de la prensa, las especialidades por lejos son dos: anunciar noticias falsas y seducir al público con titulares, tapas o flashes gigantescos que después no contienen nada.

“Bienvenidos a los visitantes de la Copa América a nuestros estadios, calles y, espero que no, UCI”. (Unidad de cuidados intensivos). Así empieza su irónica columna sobre la Copa América en Brasil Ruy Castro, el columnista de Folha da Sao Paulo.

Hay patrullas perdidas, infancias perdidas, vidas perdidas. Y abunda en estos tiempos la prensa perdida. Aquella que critica sin fundamentos, arma operaciones de prensa y persigue un solo objetivo: disimular su mala fe para esconder las verdades. En general se aglutina tras los intereses de los grupos empresarios y poderosos (periodísticos y comerciales) que manejan al mundo deportivo, que no son otros que aquellos que intentaron e intentan manejar los países.

Estos tiempos del periodismo en general podrían ser considerados como la apoteosis de la ignorancia. Sabido es que nuestra gran característica nacional, tanto en la prensa escrita, como en la redes, y ni que hablar de la radio y la televisión, es el “hablar por hablar”. Sin datos, y con el limitado vocabulario de las frases remanidas, centenares de periodistas machacan en la pandemia con la misma historia de ayer, anteayer, la semana pasada. 

Tres hechos de la semana que pasó pueden servir para mejorar el deporte y el periodismo en los próximos años. Dependerá si: a) se convierten en anécdotas de aquellas que sirven para la jactancia histórica de los comentaristas, b) se transforman en ejemplos de aquello que no hay que hacer y c) las atraviesa la indiferencia de un mundo que se debate entre el consumo y la digna vida.