Opina Deporte

Para esta fecha, lo habitual es confeccionar los aburridos resúmenes del año, constatar cuántos recuerdos se acumulan para dar paso a las elecciones sin sentido: “el mejor deportista del año”, “los mejores goles”, “los mejores momentos”.

La degradación que sufrió el deporte en los últimos cuatro años, forma parte de los escombros que en forma inmediata se debe reconstruir desde un gobierno que apunta a darle contenido popular a su gestión. La oportunidad está más que abierta y las ilusiones de millones de argentinas/os también.

Las elecciones nacionales y las celebradas el domingo en Boca se parecen. O al menos nos debemos una conjetura apresurada a pocas horas de momentos decisivos para el país y, quizás, para una parte del manejo deportivo en la Argentina.

Tremendo lodazal aquel en que se metió Juan Román Riquelme al acusar al periodista Tato Aguilera de radio Mitre de ser empleado del presidente de Boca, Daniel Angelici y de estar involucrado en las picantes elecciones de Boca que se vienen.

El mundo del fútbol argentino tiene estas cosas. O tal vez estamos iluminados por la sensación de esperanza que se vive en buena parte del país, y entonces será que uno pretende sentir cosas buenas en los lugares más increíbles.

Las recientes opiniones del entrenador del Santos (Sampaoli) o de Gimnasia y Esgrima La Plata (Maradona) y tantos otros en defensa de la democracia y pronunciándose en contra del sangriento golpe fascista en Bolivia, no hacen otra cosa que confirmar que muchas veces los protagonistas del deporte poseen mayor claridad que los miles de periodistas que hoy se enorgullecen de su tibieza o de su falsa neutralidad.

La Comisión de sistemas, medios de comunicación y libertad de expresión del Senado no tiene mucha idea de la historia del periodismo y mucho menos ha dado muestras de saber de qué se trata el periodismo.

Boca caído anímicamente, Boca sin rumbo, Alfaro se tiene que ir y mil frases más formaron parte de la confusión mental de gran parte de los periodistas futboleros de la Argentina en la última semana de octubre. Por no decir que, más que confundidos, quieren convertir a la costumbre de hablar de Boca en un entretenimiento semanal. Es decir, que les paguen para entretener.

Claudio Bravo, jugador de la selección chilena, fue uno de los tantos futbolistas que sumó su voz a la bronca popular chilena que exige transformaciones profundas en un país aplastado por el mortal neoliberalismo: “Vendieron a los privados nuestra agua, luz, gas, educación, salud, jubilación, medicamentos, nuestros caminos, bosques, el salar de Atacama, los glaciares, el transporte. ¿Algo más? No queremos un Chile de algunos pocos. Queremos un Chile de todos”, escribió el arquero del Manchester City en Twitter.

En la semana de los múltiples reconocimientos en los medios a Marcelo Zlotogwiazda, una vez más la gran prensa comercial mostró su doble rostro. Lloraron, aplaudieron y brindaron loas al periodista fallecido, pero nada de admitir “vamos a seguir su camino”. Es entonces cuando uno no les cree nada.