Opina Deporte

Aplauso, medalla y Copa para River. Un ganador con todas las luces.

Cuarenta años atrás, cuando me tocó cubrir mi primer incidente bravo en estadios de fútbol (crimen de un hincha de Chacarita por disparo de un hincha de Platense, en San Martín) escuché aquella advertencia que sonaba seria: “son los idiotas de siempre que causan la violencia”.

La frase, acuñada en la mañana del 25 de noviembre por el Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, no es más que otra muestra de…la estupidez humana.

El bochorno del sábado a la noche tiene dos responsables: el secretario de Deportes de la Nación, Carlos Mac Allister y el secretario de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires, Luis Lobo, además de quienes manejan el estadio municipal Mary Terán de Weiss; todos ellos incapaces funcionarios que toleraron la llegada de un criminal acto de inhumanidad llamado UFC y que reunió a miles de personas en un estadio público.

“Me dijeron que en 20 minutos llueve”, dijo Marcelo Benedetto a los cinco minutos del segundo tiempo en la Bombonera, luego de que Mariano Closs le sugirió que la tormenta era inminente.

¡Qué oportunidad se nos abrió! Gracias a un superclásico, y por tres semanas, los argentinos y las argentinas tendremos la enorme oportunidad de ver si podemos mejorar, aunque sea un tantito así.

Matías Diarte. Así se llamaba. Murió la semana pasada, víctima del ataque de la barra brava de Boca antes del partido en Formosa, ante San Martín de Tucumán, por la Copa Argentina.

Insaciables, y al mismo tiempo brumosos e incomprensibles, una mayoría de periodistas deportivos analizan a la Selección cual si fuésemos una potencia o semipotencia en el mundo del fútbol. O, lo que es peor, sin la humildad que se precisa en estos momentos.

Si somos un país excesivamente futbolero, lo es por obra y gracias del periodismo deportivo. O mejor dicho, de su decadencia en las últimas décadas.

La descomunal tarea de las/los integrantes de Fuerza Bruta en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de la Juventud, tan bella como aquella épica muestra del Bicentenario allá por los dignos días de 2010, confirmaron que hay una creatividad y polenta en los espectáculos argentinos que nos quitan un rato la amargura del día a día.