A más de uno, o de una, en el periodismo, le inquieta que se haya publicado el contrato de Messi con Barcelona. Se preguntan sobre la violación a un supuesto derecho privado que protegería a los futbolistas para que no se conozcan sus ganancias.

Argumento sin sentido y mucho menos sin base jurídica alguna; lo cierto es que la publicación de El Mundo en España ha sido el revuelo de la semana. 

Bien hicieron en publicarlo. Y no se trata de felicitarlos como investigadores ya que la primera impresión es que se trata de una mano oculta que acercó las cifras a sus amigos de la redacción, sino porque en la era de la data y la lucha por mayor acceso a la información, resulta ridículo que alguien cuestione la publicidad de cualquier convenio entre un club y sus deportistas.

Por varios motivos. Primero porque se trata de importantes desembolsos que efectúan clubes que, de una y otra manera, reciben beneficios estatales. Si algo le deben a la sociedad, es transparencia respecto de cómo se manejan los fondos. Es bueno saber que en España también los estados han otorgado beneficios a los clubes en los últimos años (terrenos, rebajas impositivas) 

Messi no debe enojarse ya que es necesario saber cuánto gana no sólo para que el fisco español pueda recaudar lo que debe recaudar en ganacias. También la sociedad debe saberlo para acomodar algunas otras injusticias en el ambiente deportivo ( y en todas las áreas)  en función del concepto “todos trabajan, todos deben ganar bien”.

Y así como el contrato de Messi debe ser público y los ciudadanos.as deberían acceder a él haciendo uso de las normas de acceso a la información pública, lo mismo debe preocuparse el periodismo por publicar todos los contratos posibles, en especial los que registran los montos que perciben empresarios, periodistas, artistas, gerentes, profesionales, banqueros y otras abundantes especies de este paraíso terrenal.

El acceso a la información pública, basado en la ruptura de la cultura del secreto, es uno de los pilares para reforzar todo sistema democrático. Los poderosos, sobre todo los dueños del poder económico, lo saben y por eso ocultan. Se llevan su dinero a los paraísos fiscales, registran menos cifras que las reales en sus transacciones, se niegan a pagar aportes previsionales a sus trabajadores. En síntesis, evaden en nombre de la codicia.

Este acceso a la información, que no es otra cosa que un derecho para poder ejercer otros derechos, debe aplicarse a fondo en el periodismo deportivo y lograr que los clubes argentinos publiquen en sus sitios webs los importes que se pagan en el fútbol argentino. Cuando los socios y los hinchas conozcan algunas cifras que se han manejado y manejan en nuestro fútbol (por ejemplo) tendremos más ganas de exigir cordura a la hora de los gastos y pèdir mayor seriedad a la hora de evaluar cuánto tiene que ganar un maestro, una maestra, un enfemero, una médica, un obrero, una cajera…

Cajones y cajas fuertes del mundo, abríos.