Pobre Sebastián Vignolo. A los 46 años, el relator de ESPN aún no sabe de qué se trata la vida de una docente. La vida de un docente.

Unos días atrás y a raíz de las jornadas docentes de reflexión que cada año se convocan en todo el país (también llamados en algunas ciudades Espacios de Mejora Institucional), Vignolo explotó en su programa F90:  “Simplemente, los docentes quisieron poner un día más (de feriado) y meter jueves, viernes, sábado, domingo y lunes. Unos genios. Con todo el respeto del mundo, muchachos: hay que laburar. (...) armaron una Semana Santa extraordinaria”.

Ya es sabido que quien es llamado “El Pollo” no es uno de los periodistas más informados del país. Esta vez a la desinformación le sumó el desconocimiento por la tarea de miles de profesores.as, maestras.os y educadores.as que concurren a estas jornadas para mejorar la calidad y atención de la educación que reciben, entre otros, los hijos de Vignolo.

¿Se le puede pedir a un relator mediocre de partidos de fútbol que sepa algunas cuestiones elementales de la vida educativa?

Por supuesto que sí. Es su obligación formarse. En muchas de las cuestiones en las que Vignolo adeuda materias (funcionamiento de los clubes, por ejemplo) y en asuntos de la vida cotidiana en los que le vendría bien, aunque sea una ligera lectura por arriba.

Hubiese aprendido que no son los docentes los que deciden “agregarse un día más de vacaciones” sino las planificaciones anuales que en la Argentina y en cualquier país del mundo disponen los espacios formativos para que los y las docentes evalúen los recorridos, los comportamientos en las escuelas, las dificultades socio-económicas, y así diseñen cambios educativos para la mejora de la vida y la enseñanza en las aulas. 

Vignolo ha sido y es, uno más del malón de periodistas que aún repite una de las noticias falsas más abundantes de estos últimos tiempos. El mismo día que desparramó su fallida información sobre las Jornadas, también agregó que en la Argentina hubo dos años sin clases, latiguillo multicolor con el que se oculta el esfuerzo de centenares de miles de integrantes de la comunidad educativa (docentes, estudiantes, padres) que durante la pandemia y con los avatares de la crisis social y las falencias tecnológicas, dieron clases de todas las maneras posibles para que la educación tuviese el menor retroceso posible.

Un refrán de toda la vida señala que no hay que pedirle pan al hambre, o peras al olmo.

Confiamos sin embargo en que Vignolo tomará lo que haya que tomar en sus manos (quizás un libro, o un click en una página de los gremios docentes) para bieninformarse y así reflexionará alrededor de su futuro. Y su pasado. Evitará así que lo traten tan mal en las redes, y que la docencia en general, en algún momento, le reconozca que algo ha aprendido.