Si el proyecto de ley que anuncia el senador Oscar Parrilli se convirtiera en realidad, la sociedad argentina habrá recuperado un poco de justicia deportiva y el periodismo deportivo tendrá un espacio más de libertad.

Se trata de un mínimo intento por recuperar un derecho arrebatado por una medida del macrismo que exterminó un beneficio popular que los más poderosos no soportaban: que las clases menos pudientes tuviesen acceso al fútbol gratuito en sus televisores o dispositivos.

“Deberá transmitirse en vivo y en directo por Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado a través de la Televisión Digital Abierta o cualquier medio alternativo creado o a crearse en el futuro de acceso libre y gratuito, para todo el territorio nacional, al menos una tercera parte de los encuentros de Primera División que se disputan en el marco de los torneos organizados por la AFA”, dice el proyecto.

Pese a que lo correcto sería recuperar la totalidad de las transmisiones y ponerlas a disposición popular en todos los dispositivos, que al menos se hable de un tercio y que al menos se retome un debate que parecía sepultado, traer una esperanza para el comienzo de año.

Ya vendrán quienes se oponen “al populismo” diciendo que otra vez el Estado se mete en un gasto inútil. Lo harán sin advertir que se trata de un proyecto que se puede mejorar, y que al menos contempla que las ganancias de la publicidad que ingresen se distribuirán en partes: un cincuenta por ciento al desarrollo de infraestructura deportiva infanto- juvenil, treinta por ciento a la AFA y veinte por ciento para sostener Radio y Televisión Argentina.

La realidad de las transmisiones en nuestro país es que una pequeña porción de argentinas y argentinos tienen acceso a todo el fútbol local en directo. Sólo aquellos abonados de ciertos proveedores de cable o telefonía celular que, previo pago de un adicional, obtienen el llamado pack-fútbol.

 Desde que este retroceso oscureció nuestro mundo deportivo, volvimos a ver (quienes pagamos un servicio de cable pero no el pack) canales deportivos que “televisan” imágenes de tribunas o de bancos de suplentes, o de entrenadores caminando por el costado del campo de juego mientras se juega un partido. A eso llaman “transmitir deporte”.

Semejante bochorno no genera indignación en la mayoría de la prensa deportiva que exhibe su silencio, quizás a causa del peso de la naturalización de una barbaridad, o por el peso de los pesos. Nadie dice nada de la pérdida de puestos de trabajo que generó este desatino censor.

En otro de los escenarios del descalabro, el fútbol del ascenso, la cuestión es más grave. Allí, el monopolio de TyC Sports es de tal magnitud que no sólo eligen cuál de los partidos van a transmitir por cable (dejando afuera a todos los demás) sino que impiden que medios alternativos puedan transmitir los partidos de un equipo, aún cuando TyC Sports ni siquiera televisa ese partido. Lea usted por la web el desigual combate judicial que mantiene en este momento el canal Pares Tv de Luján con la empresa Trisa para lograr una migaja: la tranmisión, para la zona de Luján, de los partidos de Flandria. 

La discusión ha empezado. En buena hora y que sea intensa. El periodismo la necesita.