Este parece ser siempre el dilema cuando se analiza al periodismo argentino de estos tiempos. Salvo excepciones, la pésima salud de nuestro oficio se ve reflejada, en la prensa deportiva, en los anticuados habladores y escribidores que se pasaron buena parte del 2022 anunciando el despido de Sebastián  Battaglia, el ahora multicampeón técnico de Boca.

Se sabe que en nuestro ambiente predominan los  ególatras y narcisistas, periodistas que han perdido la cabeza por unos minutos de fama en la TV o en la radio. Otro grupo de esta calaña, se emborracha menos, desde el placer de llenar páginas en algún medio digital o papel.

A todos la arrogancia los mostró, de enero a mayo de este año, dándole duro a Boca y su entrenador, creyendo que ser periodista y tumba-técnicos es lo mismo . Para muestra un botón: el 11 de abril de 2022 esto fue escrito en el diario Olé “El DT de Boca necesita más que nunca de la banca de sus jugadores: si no vence a Always Ready, esta vez sí su ciclo podría llegar al final...”. Ja, ja. Estúpidos pronosticadores de tormentas que nunca aciertan, como la mayoría de los mal llamados economistas a quienes la prensa consulta para saber cómo pinta el panorama de dólar o la vida productiva del país en los próximos meses. 

La noche del domingo 22 de mayo, los del fútbol, quedaron llorando bajito.

Hasta el momento, sólo uno finge pedir disculpas. Se llama Passman de apellido, Toti de alias. Y esto puso en su blog: “Los periodistas debemos hacer un mea culpa, una probation periodística, como dice mi amigo Vilouta. No podemos jugar con tanta facilidad con el trabajo de un entrenador de fútbol, que además es una gloria viviente de la institución, desde hoy el más ganador de la historia de la institución, sumando campeonatos como jugador y director técnico, nada menos que 19 estrellas, de las 72 ganados por Boca en toda su historia. Durante este semestre lo echamos mil veces a Battaglia de su puesto, pusimos a Beccacese, Gareca, Milito, Palermo, Cacique Medina, Ibarra, sin embargo Sebastián sigue vivito y coleando en el banco de suplentes, disfrutando su mejor momento como técnico de Boca, siendo campeón por segunda vez en 10 meses.

Boca ganó la final con autoridad, goleó a Tigre, que sólo disputo 15 minutos del segundo tiempo con cierta ambición digna de un aspirante a un título. Posiblemente Boca no sea el mejor equipo del fútbol argentino, mucho menos el que más brilla, pero tiene el mérito de ganar torneos, la copa Argentina primero, la copa de la liga profesional ahora, todos los equipos del fútbol argentino jugaron estas competiciones, de River para abajo, pero Boca fue el campeón en ambas oportunidades, evidentemente algo hace bien el conjunto de Battaglia. Jerarquía individual, personalidad, un plantel lleno de figuras, defínanlo como quieran, Boca es otra vez campeón, con Battaglia en el banco, y va por más”.

Si bien hay una guerra de ideas en el periodismo en general (estamos quienes pensamos en una concepción del mundo con el eje en los que menos tienen, los oprimidos, y enfrente están los otros), también es necesaria otra batalla: la disputa cultural acerca de la distribución de la palabra. La igualdad de expresión, que no es lo mismo que la libertad de expresión. Darles voz a los sin voz.

En el mundo deportivo, afortunadamente están las excepciones y hay quienes en silencio -o no tanto- construyen un periodismo con otras sensibilidades, y otras atenciones. Por eso viene bien, que en una paparruchada como son los Martín Fierro (zona de divismo y nido cultural de la pelotudez y el patriarcado, como pocas) en una distracción cerebral hayan distinguido con esa horrible estatuilla al  programa “Que vuelvan los potreros” emitido por la TV Pública, un respiro ante el consumismo deportivo que muestra sólo a los millonarios espacios del superprofesionalismo. “Que vuelvan…” permitió abrir una ventana a los y las deportistas de menos prensa, pero más gloria.

Lo mismo que hizo ayer el anónimo (o anónima) cronista de Clarín que escribió la contratapa del suplemento deportivo y le dedicó unas cuantas líneas a Florencia Borelli y Belén Casetta, integrantes del grupo de fondistas argentinos que obtuvieron 11 medallas en el Iberoamericano de Atlestismo en Alicante, España. Salvo Telam y unos pocos medios más, el silencio sobre las y los atletas da también ganas de llorar.

Aunque aquí nosotros, nos alegramos de las excepciones. Porque allí se construye el mejor de los periodismos.