Pocos años atrás un debate cruzó a la prensa argentina. Fue al calor de una de las leyes más democráticas de las que tengamos memoria, la ley de medios.

Se trataba de instalar entre nosotros una idea decisiva para lograr la libertad informativa: la lucha contra el monopolio en la agenda comunicacional. Es decir, que los poderosos no te impongan los temas sobre los cuales debés hablar.

A nivel deportivo, se trataba de combatir el repugnante apoderamiento de las imágenes de los eventos deportivos por parte de un solo grupo mediático o de unos pocos grupos mediáticos. Fue entonces que por primera vez, todos y todas pudimos disfrutar de los partidos sin que alguien, todopoderoso en dinero, decidiera qué verías y qué no verías.

El domingo pasado, intenté seguir el partido entre River y Sarmiento de Junín, luego de un comportamiento diligente de mi parte que consiste en abonar -sin retraso- la cuota de mi operadora de cable (Flow). Sin ingenuidad, o con ella, pulsé los botones correspondientes a los canales deportivos y en tres de ellos (TyC Sports, ESPN y Fox Sports) se escuchaban transmisiones radiales del citado encuentro. En el último de ellos, los zócalos superiores hablaban de FSradio, es decir del formato radio de esa empresa, servicio al cual nunca me había suscripto.

Los desagradables relatos, impropios para alguien que paga para ver y no paga para escuchar, dejaban claro que nada cambia por más que pasen los meses y uno se ilusione con que se apiadarán de nosotros.

Consumada un domingo más la estafa, y luego de ver dos horas de pantalla en la que mostraban permanentemente a unos treinta hinchas de River en la platea tocando unos bombos, sin ganas, decidí recorrer nuevamente el camino legal. 

Los bombos (supongo que sonaban, ya que ni siquiera el sonido de ellos se filtraba por la pantalla), aún no forman parte de la lista de deportes del Comité Olímpico, pensaba, mientras buscaba un amparo en los textos.

Me fui a leer de nuevo la ley de la competencia, 27442 sancionada en mayo de 2018, es decir durante el gobierno de Macri. Veamos su artículo inicial. “Están prohibidos los acuerdos entre competidores, las concentraciones económicas, los actos o conductas, de cualquier forma manifestados, relacionados con la producción e intercambio de bienes o servicios, que tengan por objeto o efecto limitar, restringir, falsear o distorsionar la competencia o el acceso al mercado o que constituyan abuso de una posición dominante en un mercado, de modo que pueda resultar perjuicio para el interés económico general”.

Aquí está clarita la conducta que cometen contra nosotros todos los días en que se transmiten partidos de esta manera, sobre todo cuando alguno de nuestros equipos enfrenta a River, Boca, Racing, Independiente o San Lorenzo.

¿Habrá por allí algún periodista deportivo dispuesto a señalar esta continuidad de la barbarie comunicacional?

Silencio.