Repasemos: mentir, exagerar, sanatear, extorsionar, falsear, agredir.

No son los verbos de un juicio penal, aunque lo parezcan. Son parte de las acciones que el periodismo en general ha desarrollado durante su existencia. Tanto que hoy la excepción en el trabajo de la prensa, y en especial de la prensa comercial, la dan los verbos antónimos de los señalados anteriormente.

Una interesante nota de Pablo Lisotto en la sección Deportes de La Nación del lunes 8 de agosto, da cuenta de los pases de futbolistas que nunca se hicieron. Se llama “Las 20 transferencias más resonantes del fútbol argentino... que nunca se concretaron”. En la bajada se puede leer que el redactor nos hablará de “Las frustradas llegadas de Suárez a River y Cavani a Boca se suman a una serie de incorporaciones que no ocurrieron; ¿Maradona a River? ¿Francescoli a Boca? ¿Guardiola a River? ¿Bochini a Boca? ¿Valderrama a Newell’s?”

El disparador de esta nota fue sin dudas la inescrupulosa cantidad de tiempo y de espacios que la mayoría de periodistas deportivos dedicó en estas semanas a dos aventuras económicas, despreciables. Las hipotéticas transferencias de los uruguayos Suárez y Cavani a River y Boca.

Miles repitieron el verso de “está casi lista la operación”. Muy poco hicieron aquello que se debió hacer, que es ignorarlas.

La nota evocativa de Lisotto tiene una breve referencia a la responsabilidad de los medios en todas estas nubes (son miles por año) que se desplazan por las pantallas y las redes adormeciendo las ya adormecidas mentes de los hinchas.

El redactor de La Nación dice: “A veces hay charlas reales, que concluyen sin éxito, y en otros casos son literales bombas de humo y un peligroso juego mediático”.

La vida periodística ha demostrado que es exactamente al revés. En la mayoría de los casos se trata de ese peligroso juego mediático que se llama inflar.

Inflar una noticia es potenciar un rumor y llevarlo hasta su máximo volumen (el globo) a sabiendas de que se hace con el fin de conseguir un título, un minuto de más en el panel, o la estúpida jactancia de hacerle creer al lector o al oyente que “un periodista tiene el dato preciso”.

El periodismo es una actividad llena de tantas tramas ocultas que revelarlas nos llevaría cuatro siglos completos, uno por cada siglo de existencia que más o menos lleva la prensa. Sacarle la careta ha llevado un tiempo, y apenas hemos logrado raspar un costado de la máscara.

Intereses políticos, de dinero, personales, comerciales, publicitarios…y futbolísticos, llevan a millones de periodistas a inflar los temas, cual los periodistas deportivos inflan las transferencias según dio un breve detalle Lisotto.

A nadie le importa esperar, ver qué hay de cierto en los trascendidos de un pase, estudiar bien quién anda interesado en inflar a un jugador y finalmente sólo dar la noticia cuando el acuerdo se está por firmar o se  firmó. O sea, trabajar de periodista. 

Por eso, cuando la próxima vez leamos “Cavani, muy cerca de Boca”, título de Olé del 5 de agosto, empecemos a desenfundar, que la mentira anda disparando.