La fama de este gobierno en materia deportiva es similar a la reputación que día a día gana en materia social: destrucción de los derechos y las conquistas de los trabajadores, enriquecimiento abismal de los millonarios, empobrecimiento de los sectores populares y cada vez menos espacio para las voces críticas.

 

Esta semana la prensa del deporte anunció “el inicio del fin de Fútbol para Todos”, el desembarco de la “Comisión Normalizadora de la AFA” y el borroso sueño del presidente del Comité Olímpico Argentino, el empresario accionista de Telecom y otras sociedades anónimas, Gerardo Werthein

Al parecer, quienes hoy gobiernan llegaron para sentarse en los sillones de la Rosada, de la AFA, o de diversas instituciones, sin haber leído la Constitución ni la Declaración de los Derechos Humanos. No hay ni derechos adquiridos, ni nada que se le parezca. Recomendarles la lectura de los artículos 14 bis y 28 de la Constitución es ocioso. Para ellos, aquí manda el que más tiene, y los demás se callan; al menos esto se recita desde sus aposentos.

Pero aún tenemos suerte. A Macri no se le ocurrió (todavía) cobrar impuestos al uso de camisetas de clubes o de la Selección Nacional. Ni se lo digan.

Nadie podría extrañarse si a partir de la entrega de las transmisiones de fútbol a los monopolios periodísticos nacionales e internacionales, los sectores populares tendrán que abonar aumentos en las cuotas de cable, precios especiales para los codificados o para las transmisiones HD o, como antaño, deberán consumir gaseosas, pebetes de salame o un café cortito en los bares que colocarán nuevamente sus carteles: “Aquí, codificado”. Volveremos a escuchar las voces de los periodistas genuflexos que nada decían ni del presidente de la AFA ni de los dirigentes de la FIFA ni de los sponsors, principales saqueadores de los dineros del deporte. Eso sí, como destaca la tapa de Clarín del lunes 25 de julio y las pantallas de TN: la noticia deportiva más importante de hoy es el pelo platinado de Messi.

Por momentos, da miedo pensar sobre aquello que estarán pensando los actuales funcionarios. ¿Qué más se viene para el deporte? Si para el país se vinieron los tarifazos, devaluación e inflación, ¿para el deporte además se viene el sacudón de las cuotas sociales y el aumentazo de las entradas?

En unos días más Mauricio Macri se paseará por las cálidas calles de Río de Janeiro, en un viaje especial para codearse con la realeza olímpica. Irá con su amigo, el mencionado Werthein, y serán halagados por el coro mayoritario de periodistas que en él verán a un Jefe de estado y no a un implicado en el delito de los Panamá Papers. Así como la gran prensa evitó investigar a las empresas y empresarios que fugaron dinero y evadieron impuestos en la Argentina ( sólo la revista Mu, Tiempo Argentino y los docentes y estudiantes de periodismo de Universidades Nacionales trabajan en este momento olfateando los delitos de los evasores), olvidémonos de hallazgos y pesquisas sobre los lujos de los miembros del COI y los despilfarros de los gobernantes y sus séquitos que irán a posarse en el Maracaná. Werthein es el autor de la idea de cobrar impuesto a los celulares de todo el país (la mayoría en manos de los trabajadores y gente del pueblo) para sustentar el deporte de alta competencia que él maneja. Ya escribimos hace años en esta columna ¿Por qué no se le ocurrió un impuesto a las telefónicas que acumularon fortunas desde la privatización menemista?

Mientras tanto decenas de clubes de barrio en la Argentina extienden la mano por las calles solicitando exenciones o rebajas en las tarifas para mantenerse. Un club de Lavallol, el Juventud Unida, aquel que sirvió de escenografía para Luna de Avellaneda, lo sufre. Liliana Reboredo, dirigenta, le dijo a María O’Donell en radio Continental que "No se puede tratar a un club de barrio como si fuera una sociedad anónima. Edesur se tiene que dar cuenta de que no puede meter a todos en la misma bolsa. El 28% de lo que pagás en la boleta de luz es impuesto, eso se podría sacar en la Provincia. No recibimos ni bonificación ni tarifa social”; todo esto antes de las masivas protestas.

En AFA se montó una conducción que responde al macrismo. Armando Pérez, otro empresario, comanda un cuarteto que integran Javier Medín, Carolina Cristinziano y Pablo Toviggino. Pérez fue calificado como un “cholulo, dirigente de cafetín” por el presidente de Los Andes, Oscar Ferreyra. Según Ferreyra, Pérez es propenso a realizar "reuniones nocturnas en bares y hoteles con gente del Estado (Fernando Marín, titular de Fútbol para Todos) para opinar sobre la sucesión de Gerardo "Tata" Martino mientras los empleados de los clubes no cobran los sueldos”. Y la muchacha Cristinziano procede de los ámbitos mercantilistas y comerciantes de pases de jugadores que lideraba otro arruinador de los clubes, Gustavo Mascardi. Por si fuera poco, ya le abrieron el archivo para comprobar que la dama es adicta a la barra brava centralista.

El presunto país serio del que hablan los grandes medios desde el 10 de diciembre, se ha convertido en un país mendigo al cual los poderosos deciden si le dan o no le dan una limosna.

Y si quieren una prueba, allí está el deporte.