Primer acto: Usain Bolt se va de farra en Brasil después de ganar unas cuantas medallas de oro. La prensa lo festeja, publica fotos con chicas, con copas llenas y luego el ídolo del atletismo mundial reposa, sin que nadie lo censure.

 

Segundo acto: Elpibe Ricardo Centurión de Boca se va de farra después de un partido, se relaja, bebe, sale en su auto y choca. La prensa condena el hecho, pide sanciones diversas y justifica que se lo cuelgue. La frase preferida es: “uno es jugador de Boca las veinticuatro horas”.

No es la primera vez que un jugador de fútbol argentino es censurado por sus acciones fuera del campo de juego. Para desgracia de Centurión la violenta colisión, su desaprensiva conducta de huir del lugar, nada ayudan. De este último y grave asunto diremos sí algo breve, porque aquí debemos censurar al Centurión ciudadano y automovilista: el reproche para Centurión es que al subirse a ese auto nada le importó la vida de los demás. Pero ése es otro asunto, y es importantísimo. Y nos hubiese gustado que la prensa deportiva pusiese los ojos allí y no en la banalidad del jugador festichola.

Porque al final de cuentas Centurión hizo lo mismo que Bolt.

Pero Bolt es Bolt.

El crítico asunto de la vida y los llamados excesos, viejo asunto de los periodistas, tiene una particularidad. Muchos críticos se sienten con derecho a marcarle la vida después de la cancha a cualquier jugador. No es un tema moderno, todo lo contrario. Se ejerció contra Diego Maradona en diversas etapas de su vida. Ultimamente el que cobró fue Daniel Osvaldo, a quien no le perdonaban sus cigarrillos, la trasnoche, la guitarra y el canto, la intimidad.

En Boca llegaron y llegan al extremo de “mandarlos a la sicóloga” para enderezarles la vida. Mientras el presidente Angelici es acusado por comisión de delitos varios por el fiscal Delgado.

Es difícil hablar de este asunto con muchos periodistas. El criterio hiperprofesional ha prevalecido sobre el criterio laboral. Para la inmensa mayoría de los redactores, relatores y comentaristas el concepto jugador intachable se califica por estas conductas. Así como el concepto de jugador exitoso, muchas veces es orientado por los millones de dólares que gana.

Y es difícil porque el mundo deportivo también fue ganado por el concepto patronal y mercantil del empleado eficiente que está a disposición del empleador – muchas veces patrocinante, anunciante – las veinticuatro horas del día. Esta idea, avanzó mucho en estos últimos años del celular siempre prendido, las hipercomunicaciones por mensajes diversos y la computadora encendida desde el nacimiento hasta la muerte. Si ya la sociedad controladora era asfixiante cuarente años atrás, hoy se convirtió en acosadora, y a pocos parece importarles. Nosotros nos inclinamos por el aspecto más descuidado: el deportista es un trabajador, con los mismos derechos de cualquier trabajador cuando finaliza su tarea.

A esta columna le interesa mucho , además, la hipocresía y doble valuación de los periodistas en todos los sentidos. El haz lo que yo digo pero no lo que yo hago predomina en todas las ramas del periodismo. También en estos asuntos de la vida privada donde los periodistas son los primeros en violar no sólo supuestas normas morales que debemos cumplir sin más, o mejor dicho, porque lo dicen los manejadores de los grandes medios. Un ejemplo, bajo el mismo criterio de las críticas a Centurión, todos los periodistas jamás deberían concurrir a fiestas porque se es periodista las veinticuatro horas del día y tenemos una responsabilidad “con la sociedad”.

Sí claro, lo último que hemos escrito es un absurdo. Tan absurdo como exigirle a un futbolista que no se divierta. Por eso, Vivencia hace cuatro décadas ya cantaba:

Hombre amoral,
de gran moral
quiere exigir
que sean perfectos.