Dicen que la frase del título le pertenece a Pacho Maturana, aquel entrenador de la selección de Colombia en los 90, que supo contagiar una filosofía de toque y velocidad sobre la cancha que luego se rebautizaría como el Tiki-Tiki.

Según Maturana “es difícil jugar bien y portarse mal. Si hay condiciones y no tenés una condición humana eso no cuadra. Eso es un tema de liderazgo. Es muy importante el valor, pero también la condición humana. No es fácil decir que se tiene que vestir bien o descansar si uno no lo hace. Es preciso que encarnes los valores que querés que tengan los jugadores. Si el director técnico no los tiene, no tiene sentido el mensaje”.

Desde ya aclaramos que no creemos en la certeza de aquella frase. Suena muy lindo para los oídos, pero es muy pobre para justificar los análisis de un partido de un fútbol, de un campeonato, o de una racha de equipos colosales.

Más bien pensamos como Alejandro Dolina, quien sostiene que no hay una rima entre la vida y el fútbol: “La vida es mucho más rica que el fútbol. Vivir es mucho más complicado que jugar”.

Pero nos vino a la cabeza lo de Maturana el mismo domingo a la noche, al final del Superclásico que ganó River con toda claridad, cuando intentamos relacionar lo ocurrido en esta última semana con la intensidad y belleza de juego que por momentos tuvo el Boca-River u otros partidos del fin de semana.

Y la traducción de este pensamiento sería más o menos así: vivimos una semana en que más del 80 por ciento de la sociedad repudió el fallo de los jueces de la Corte, los de la nueva mayoría macrista que permitía la salida de centenares de genocidas a la calle. El 2 x 1. El fútbol dio respuesta. Una gran cantidad de futbolistas, entrenadores y equipos emitieron declaraciones, tomaron banderas para mostrarlas en la clásica foto del arranque de un partido, o colgaron de las tribunas las sábanas blancas pintadas con aerosol, con las expresiones de repudio a una de las sentencias más repugnantes de la historia judicial argentina. Es decir, aparecieron masivamente los mejores valores de la condición humana: defender los derechos, combatir las injusticias. ¿es que entonces el “vivir bien” de esta semana se traslado al “jugar bien” de esta semana?

Pero no, sabemos que no es cierto. Se trata de un absoluto delirio. La vida es otra cosa. Sabemos de las miles de preguntas filosóficas que nos hacemos día a día para explicar aquello que sucede. Y que entonces tomamos conciencia de nuestro límites. Y del límite eterno que parece tener las sociedades cuando buscan una sociedad más justa, más igualitaria. Esos límites que nos pone el individualismo, la ambición.

Pero igual, qué bueno fue soñar. Y quién nos quita lo bailado…