A unos cuantos personajes de Boca les cuesta tanto disfrutar que prefieren trasladar sus angustias a quienes desde afuera saben de sus festejos. Y maldicen. ¿qué les pasa a algunos protagonistas del Mundo Boca que no pueden celebrar sin quejas, lamentos o miradas hacia otros equipos?

Guillermo Barros Schelotto ha dicho en reciente reportaje que con Boca “hubo una crítica fácil y rápida”. Algo muy cierto.

Si pudiera resumirse el ánimo general del periodismo deportivo contra el equipo que se mantenía puntero en el campeonato, especialmente hace un mes o mes y medio, diríamos que abundaban las palabras ligeras de unos cuantos periodistas que apuntaban a un muy probable derrumbe de Boca y una arremetida de un River que pensaban invencible.

En ese sentido, el DT tiene razón. Eso sí, es difícil hablar “de un estilo Boca” como pretende el Mellizo a la hora de exigir reconocimientos. Boca pasó sin sello distintivo por este torneo y sin buen juego. Es cierto que fue un equipo de buen goleo. Y que mostró fortaleza. Virtudes que, bien utilizadas, culminan con logros y estrellas que se suman en la historia. Hasta ahí llegó. Después, será un campeón más.

Es que no son muchos los campeones argentinos que pasan a la historia por el talento exhibido en la cancha. Enumeremos a los pocos integrantes de la corta lista de las últimas cuatro décadas: Huracán del 73, River del 75, Boca del 81, Independiente del 72, Newell’s del 92, River del 96, Boca 99-2000. Todo esto, desde ya es caprichoso, como el azar.

Claro, al hincha de Boca de estos tiempos qué le importa.

Para muchos miles de sus hinchas no interesa otra cosa que celebrar y, lo que es peor (o mejor, según ellos), festejar al rústico animador que en la tarde del domingo alentaba a las tribunas de la Bombonera para que se burlaran de los riverplatenses.

Es evidente que gozar al clásico rival resulta una diversión mayor para unos cuantos. Casi diríamos una diversión que consideran obligatoria. A punto tal que en estos tiempos de redes sociales, la práctica más frecuente es burlarse de los otros y olvidar a los propios. Triste es ver a los periodistas, o quienes pretenden con los años que los llamen así, intentar una originalidad que les queda muy grande.

Peor es lo de Olé, diario deportivo que luego de criticar lo ocurrido en el estadio de Boca con la provocación lanzada desde el micrófono ( “el que no salta es falopero”), edita un ejemplar de una revista homenaje a los campeones, al módico precio de 70 pesos, donde se burlan de “los fantasmas de la B…”

Parece ser el inevitable destino humano de la estupidez…