"Chacho, tal vez hacerte ésta pregunta después de River o de Central Córdoba hubiese sido mala leche por eso aprovecho para hacértela ahora?". "No la hagas entonces", le sugiere Coudet al periodista que en la noche del sábado lanzó la pregunta mala leche. La discusión siguió unos minutos. El entrenador de Racing insistía en que el periodista se guardase su inquietud teniendo en cuenta que venía así de mal parida. Hasta que el periodista insistió y la hizo: “El resultado ante River y Central Córdoba llegó a hacerte pensar en dar un paso al costado?"

Ya no importa qué y cómo contestó el técnico. Importa preguntarnos ¿para qué está el periodismo deportivo? ¿para enfurecer a los protagonistas y obtener segundos de fama? ¿para hacernos los duros y así chapear ante nuestros colegas y amigos? ¿para lograr el miserable título sensación que justifique nuestro atrevimiento?

Algo muy parecido surgió de la reflexión de Carlos Izquierdoz después del superclásico 0-0. Cuando se le pregunta por el planteo defensivo de Boca, el récord invicto del arquero Andrada y otra buena actuación, el defensor le apuntó a las críticas de un sector de la prensa sobre la pésima defensa boquense.  "Llevamos diez partidos en el semestre y nos hicieron un solo gol. Si no, hay que jugar sin arquero para que comprobemos si nos llegan o no”.

El deterioro del periodismo a la hora de las conferencias de prensa, o a la salida de los jugadores de un estadio e incluso en la tranquilidad de las entrevistas, parece ir en paralelo al derrumbe de la Argentina. A veces se observa que se pasa del servilismo a los protagonistas, a quienes se adula con tal de obtener una nota, a la insólita crítica despiadada que solicita renuncias, cabezas en la guillotina o colgar futbolistas del travesaño.

Esa especie de bronca permanente de una gran parte del periodismo deportivo para con los deportistas, embarró la vida de los medios deportivos de tal manera que se ha potenciado la sobreactuación de los periodistas. También sabemos que no es una exclusividad de la prensa deportiva, y que el debate de ideas, sin cólera y sin irritaciones, es casi inexistente en nuestros escenarios televisivos, radiales, gráficos o digitales. Con tal de conseguir un punto más de rating seguimos viendo barbaridades en todo tipo de pantallas que consultamos.

Por eso los jugadores y los entrenadores, suelen ser la buena leche y contestan de la manera que contestan, usando la inteligencia y el buen humor, dos cosas que escasean bastante entre cronistas, redactores y editores de la pelota.

La mala leche en el resto del periodismo, se expresa en estos tiempos de multiplicación de noticias falsas y venta de humo, que ahoga a las sociedades. A tal punto que aparecen ahora en superficie los periodistas extorsionadores.

Daremos un gran paso adelante cuando sepamos que ya pasó el tiempo de las preguntas mala leche, del periodismo mala leche y de la mismísima mala leche.