Tremendo lodazal aquel en que se metió Juan Román Riquelme al acusar al periodista Tato Aguilera de radio Mitre de ser empleado del presidente de Boca, Daniel Angelici y de estar involucrado en las picantes elecciones de Boca que se vienen.

“Hoy fui victima de esta difamación por parte de Juan Román Riquelme. Sólo fui a buscarlo para hacer una nota periodística en @radiomitre y me trató así. Yo no tengo un jefe que se llama Daniel Angelici. Soy periodista y mis jefes están en @TyCSports @LaRedondalp @LosAndesDiario”, le contestó el cronista en su cuenta de twitter, y hasta el momento, el ex diez de Boca no aportó ni voz ni elemento alguno.

El asunto, evidentemente, continuará. ¿Quizás en la justicia?

Riquelme se atrevió a navegar unas aguas sucias del periodismo de todo tipo (la historia del periodismo deportivo y la historia del periodismo de todas las secciones de los diarios y de los portales), la cual marca que hay sobres dando vuelta por la vida y que el periodismo no es precisamente una profesión de zapatitos blancos y cuentas vacías.

Pero la dignidad de quienes hacen periodismo por vocación política y no por vocación mercantil no puede mancharse con las palabras de un candidato a dirigente, es decir aspirante a uno de los puestos donde brilla la contaminación putrefacta de los dineros del fútbol y de los grandes medios de comunicación.

Es decir, el lodo que hoy pisa Riquelme, requiere del hoy candidato y mañana tal vez dirigente, algo más que el encendido de un ventilador. Si pretende ser de los hombres serios que se meten en el oscuro mundo dirigencial deberá dar la razón de sus dichos. Si no, será un bocón más en la lista.

Esta columna no hace defensas corporativas, mucho menos sabiendo los olores fétidos que despide este noble trabajo a la hora de revisar su pasado. 

No en vano se acuñó ( a veces nos parece que hace siglos) el término chiveros en las propias redacciones, y somos los propios periodistas los que señalamos con voz baja y con voz alta a quienes viven del ingreso adicional para decir o callar lo que nos conviene.

Distintos son los casos (excepcionales) donde hay interés directo en las participaciones políticas (de un club o del país) y los periodistas jugamos un rol de interés propio, en defensa de nuestras convicciones ideológicas y políticas. Es decir, nos involucramos. Dejando de lado esa estupidez de Neandertal de repetir que tenemos que ser objetivos y neutrales. Ja, ja. Legítimo derecho tenemos desde el periodismo de señalar que nos gusta tal o cual candidato. Faltaba más. Lo triste es percibir beneficios por ello.

Quedan pocos días para la votación en Boca. Riquelme tiene tiempo de decir lo suyo. Aguilera también.

Pero eso de “en el mismo lodo todos manoseados”, es sólo la letra de un tango.