El crimen de Villa Gesell con los diez asesinos en el centro de las miradas, habilitó el tradicional desfile de sanata y guitarreo por la prensa deportiva. Una de las especialidades que mejor cultivamos desde la prehistoria de nuestra actividad.

Quizás porque nunca hacemos autocrítica en serio o porque ya nos enceguecieron tanto los reflectores de la mala fama que creemos todo lo que nos dicen con una palmada por la calle, la simplificación del tema en rugby-exclusividad-niños bien-machismo, colmó unas cuantas tribunas de opinión en la última semana.

Primero que la base que practica rugby en la Argentina es mucho más policlasista de lo que pensamos. No se trata de “defender al rugby”, porque nuestra posición política es clara respecto de las exclusividades deportivas. Pero la generalización, un deporte que los periodistas en general practicamos bastante, lleva al mismo pecado de siempre: se opina sin razonar. Se opina sin pruebas. 

Si el rugby y otras prácticas deportivas son tomadas como refugios de burgueses prepotentes, engreídos y explotadores, es porque la prensa deportiva cree que San Isidro y el chetaje de las “zonas nortes” de muchas provincias y localidades, son los únicos lugares donde este deporte se juega. 

El odio de clases y el antiperonismo, o antipopulismo que se pregona en todas sus diversidades, o la exaltación de la superioridad blanca, y el desprecio al indio y lationoamericano, no es una cuestión del rugby de los “tinchos” y de las “mili y pili” de nuestra sociedad. Basta analizar el voto de las últimas elecciones o el lenguaje de unas cuantas estrellas de la TV, la radio y las redes, para comprender por qué en la Argentina se puede esperar que muchos grupos de criminales asesinen a gente indefensa por su piel, por su origen, por su pensamiento político, o por la camiseta que visten.

En muchos ambientes de clubes, tribunas y conglomerados hay violencia, armas, muertes y odio. Expresiones en general de las sociedades en las que no se enseña solidaridad e igualdad.

El planeta está contaminado por esta xenofobia y por la idea torcida de una superioridad de la clase privilegiada y blanca, que logró penetrar a otros segmentos sociales. Ayer nomás, en España, Iñaki Williams jugador negro del Athletic de Bilbao fue despedido con gritos que imitaban monos desde las tribunas, por hinchas de Espanyol. El diario Marca puso en letras de molde su protesta en la tapa de hoy: “#Todos somos Williams Basta ya de racismo”.

Fue el título principal. No el recuadrito que la mayoría de editores argentinos elegiría.

Es que es difícil que la prensa deportiva nacional entienda que el tema uno son los derechos humanos y el tema cinco o seis o diez son los resultados.

Con las excepciones del caso por supuesto. Las cartas públicas que circularon por las redes del joven rugbier Tomás Hodgers (Atlético de Rosario) y del ex Puma Buenaventura Míguez, superaron cualquier editorial de los periodistas especializados en rugby. También fue preciso el comentario de Xoana Sosa, jugadora de rugby de SITAS, militante feminista y ex seleccionada nacional: “Ningún deporte en sí mismo genera valores negativos. Aunque fue cambiando mucho, el rugby está reservado históricamente a la elite, es innegable que tiene algunas aristas conservadoras y sobre todo hay un gran machismo”. Xoana pidió analizar otros factores sociocultrales sobre la violencia. 

Y en ese sentido el periodismo deportivo debe ayudar y el periodismo en general tiene que hacer lo suyo. La pronta prohibición del salvaje UFC y todas sus actividades satelitales sangrientas y llenas de muerte, la reflexión sobre el fin del boxeo, las conductas educativas para los hinchas y la necesidad de elaborar de una vez por todas políticas estatales de enseñanza y práctica de todos los deportes en las escuelas y universidades públicas forman parte de la agenda inexistente en las redacciones, programas y conventilleos de los periodistas deportivos más jetones del país.

El crimen de Fernando Báez Sosa no fue el crimen del rugby, fue el crimen de una sociedad que hay que transformar. O el gran capital seguirá reinando.

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